Los dos imputados por la desaparición de Maxi Sosa fueron absueltos

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Santa Fe absolvió de culpa y cargo a Patricia Daniela Sayago y a Ariel Reinaldo Malagueño por la desaparición de Maxi Sosa, el niño que busca la justicia desde el 21 de diciembre de 2015 en la ciudad de Ceres, y ordenó su inmediata libertad.

En el fallo, el Tribunal compuesto por Luciano Homero Lauría (presidencia) y los vocales María Ivón Vella y José María Escobar Cello ordena remitir las actuaciones «al Ministerio Público de la Acusación de la Provincia de Santa Fe, a fin de que profundice la investigación sobre el paradero del menor Maximiliano Javier Sosa».

Además, fija la audiencia para el 19 de febrero, a las 18, para dar lectura a los fundamentos del fallo.

Pasadas las 15 comenzó la búsqueda de un nene de tres años que había desaparecido en la cuadra de la casa de su abuela, en el barrio Juan Pablo II, un vecindario de solo dos cuadras en donde “viven familias con niños en situación de extrema fragilidad”, según publicó en su momento un informe periodístico realizado por Ceres Diario.

Al momento de la desaparición, el niño, que tenía por entonces tres años, se había quedado al cuidado de su abuela porque su madre estaba dando a luz en el hospital de esa ciudad.

Un puñado de vecinos, más los bomberos de Ceres, y los primeros policías, comenzaron con el rastrillaje que comenzó a extenderse por otros barrios, lo que produjo que más personas se fueron sumando aquella tarde calurosa, mientras en las redes sociales aparecían las primeras fotos del pequeño y cadenas de oración pidiendo por su aparición.

Ya al otro día, el pedido de paradero del pequeño se había extendido a localidades vecinas y también hicieron que a la ciudad, según recuerda el portal Ceres Ciudad, arribe el ministro de Seguridad de la provincia, personalidades políticas, policías y bomberos de otras localidades, así como también distintas fuerzas de seguridad que se sumaron a la búsqueda que también incluyó perros, buzos tácticos, y hasta personal especializado en rastreo de personas.

El día que Maxi desapareció estaba en la casa de su abuela, en el precario barrio Juan Pablo II. Allí también estaba una tía que se encontraba durmiendo la siesta, cuando la abuela se fue al hospital a visitar a la madre del pequeño que había dado a luz prematuramente a su segundo hijo. Cuando la mujer volvió al domicilio, el chico ya no estaba. Con esas declaraciones, una hipótesis que surgió era que el niño podría haberse caído en una cava cercana a la vivienda, pero la búsqueda no dio resultado. Ni allí, ni en los alrededores.

Pero el caso dio un giro resonante un año después: la Agencia de Trata de Personas de Santa Fe realizó entrevistas y escuchas telefónicas que direccionaron sospechas y terminaron con las detenciones de su abuela y la pareja de ella, quienes quedaron en prisión preventiva hasta el juicio en el que terminaron siendo absueltos.

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