Un sanfrancisqueño creó su propia “casa flotante” para disfrutar del río

Hugo Wengger no quiso más descansar en carpas o cabañas cuando iba a pescar por eso, construyó «Los sonidos del silencio»,una estructura que flota sobre 40 tambores plásticos y tiene parrillero y aire acondicionado. Como el proyecto resultó exitoso, ya piensa en hacer una más grande y lujosa para compartir con familiares y amigos.

Por Stefanía Musso | LVSJ 

SI hay algo por lo que nos destacamos los argentinos es por la creatividad. Hugo Wengger (60), vecino de nuestra ciudad, tuvo la idea de crear su propia «casa flotante» para ir a pescar y pasar las noches santafesinas en el río.

El hogar acuático está construido con elementos simples como tachos, caños y madera, pero tiene detalles y es tan cómoda que a todos les llama la atención. Hugo, su creador, decidió llamarla: «El sonido del silencio», haciendo honor a la calma del agua. 

Con ganas de crear una más grande y lujosa para compartir con familiares y amigos, esta casa que flota en Arroyo Leyes es una verdadera perlita de la ingeniería naval en su versión artesanal.

Hacer realidad «una locura»

Amante de la pesca, Hugo realiza la actividad desde hace 40 años. Como muchos, cuando iba tenía que armar la carpa y pasar las noches santafesinas lejos de la comodidad. «La idea era hacer algo chiquito, que pudiéramos dormir cuando íbamos a pescar con un dormitorio y un baño para no renegar con las carpas, pero económicamente era imposible. Cuando mejoró mi situación, vi que en Alemania y en los Países bajos es muy habitual y entonces copié ideas y me animé», dijo Wengger.

Pero lejos está de ser algo minúsculo y con estilo europeo, la casa cuenta con un dormitorio con cuatro cuchetas, cocina, baño y cocina. Como si fuera poco, tiene parrillero y aire acondicionado.

Sin esperar, el sueño se puso en marcha hace dos años. «La empecé en febrero de 2019 comprando 40 tambores platicos azules de 200 litros, perfiles galvanizados, 80 metros cuadrados de madera y flejes. A los dos meses comencé a fabricarla y me llevó casi todo ese año», contó.

Toda una atracción y novedad en el río.

Semejante estructura tenía que ser construida en un lugar acorde por eso, los jefes de la empresa donde trabaja Hugo le cedieron el lugar y comenzó la obra en el patio de la fábrica. «Mis empleadores me dieron el espacio para construirla, me prestaron las herramientas y la corriente para hacerlo. También me ayudaron muchos compañeros», recordó el pescador.

La colocación de los perfiles y la madera estuvo a cargo de una persona que el mismo artesano naval contrató para hacerla lo más pronto posible. Según Hugo, «tuve que contratar gente porque si no llegaba con los tiempos. Cuando fue tomando forma, me dio más y más ganas de seguir».

«Los sonidos del silencio» se disfruta en Arroyo Leyes, Santa Fe, en familia y con amigos.
Los sonidos del agua

Para Hugo, navegar y pescar es lo que más le gusta en su vida y esta casona viene a ser una forma de compartir un buen momento con amigos y familia su hobby más preciado aunque para muchos era una verdadera locura. «Mucha gente me trató de loco. Mis compañeros de trabajo y la gente que llegaba a la fábrica me preguntaba qué era esa locura que estaba fabricando», rescató el entrevistado.

La inquietud de los curiosos fue si la casa iba a flotar, pero claro, hasta que la barcaza no llegara al río, Hugo no podía a saber si su proyecto había resultado. En San Francisco, la ciudad sin río, era imposible que pudiera probarla. «Muchos pensaron que se iba a hundir en el medio del río y yo con ella, pero no es peligrosa navegarla porque cuenta con 40 tambores para flotar y es imposible que se rompan todos».

Para trasladarla hasta Santa Fe tuvo que hacerlo de manera especial para que no se rompiera y no tuviera problemas en la ruta. «El largo no era el problema, pero sí el ancho. Por eso, tiene diez por cuatro metros», destacó.

Con la ayuda de dos grúas, Hugo y sus ayudantes la bajaron en Arroyo Leyes, Santa Fe y una vez ahí, pusieron el motor y todas las piezas que le faltaban a la casa flotante. «Cuando la bajamos al agua y flotó por primera vez el 5 de enero del 2020, me puse muy feliz», contó el hombre emocionado.

El problema es que, a los dos meses de su logro, la pandemia de coronavirus obligó a Hugo a no poder viajar, aunque confesó que se escapó varias veces para disfrutar de su inventó. «Me escapé para usarla en la cuarentena, hice malabares para llegar».

Con esta casa flotante, lo amaneceres y atardeceres en el agua son impagables. «No me quedan más sueños aunque sí me animaría con amigos a hacer una más grande y lujosa. Por ahora, disfrutamos de ésta que costó poner en funcionamiento, pero salió bien. Ahora es momento de disfrutar con la gente querida Ellos están felices que pude hacerla realidad».

Hugo la bautizó y la llamó «Los sonidos del silencio» por dos razones muy personales: «Primero, porque me encanta la canción de Simón y Garfunkel, pero además, porque no hay sonido silencioso como el del agua», explicó.

Apasionado, este artesano de la ingeniería naval es un navegante de buenos momentos con su casa flotante, la de los sonidos del silencio de su lugar favorito, el río. «Navegar es algo espectacular y hay que estar ahí para disfrutarlo», concluyó.

La Voz de San Justo

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